Todos NO somos Marta
Vaya por delante que siento muchísimo el dolor de la familia de Marta del Castillo. Perder a una hija tiene que ser una de las cosas que más pueden herir la vida de una persona. Romper el lógico desarrollo de los acontecimientos vitales y que una hija muera antes que sus padres debe dejar una sensación de vacio existencial insoportable. Si esa muerte se debe a la acción violenta de un desalmado, el dolor se transforma en frustración y en odio.
Dicho esto, no puedo entender el papel de "referente moral" que ha adquirido la familia de Marta del Castillo en el último mes. Es muy común en este país conceder a las víctimas una voz privilegiada a la hora de expresarse en relación con el desarrollo de las cuestiones del ordenamiento penal español. Sin embargo, desde mi punto de vista, una víctima tiene poco que decir en la organización de la justicia penal en un Estado democrático.
Sé que lo que voy a decir es políticamente poco correcto y que, si alguien sigue leyéndome después de mis dos meses de abandono, puede censurar mi opinión, pero yo no lamento especialmente la muerte de Marta. No más, por ejemplo, que la del trabajador que murió en Riba-roja hace unos días o, por supuesto, que la de miles de africanos anónimos que se dejan la vida en cualquier punto de la tierra o el mar entre Malí y Tarifa.
Cuando una mujer con dos hijos es maltratada repetidamente y no se atreve a denunciar tiene y tendrá siempre mi apoyo. Pero cuando una chica de 17 años que no tiene más compromiso que vivir y labrarse un futuro, se enamora del out of law, del malo de la película, del gamberro peligroso está jugando con fuego. Y Marta se quemó. Con todo el dolor de mi corazón y, sobre todo del de sus padres.
Pero ella no es un ejemplo. No es un símbolo. Para mi no, por lo menos. Y no creo que por una muerta (una más, una de tantas) sea la razón para modificar nuestros principios fundamentales y tratar de solucionar todo con la cadena perpetua.
¿Alguien piensa de verdad que ese malnacido que mató a Marta se lo habría pensado mejor por temor a la cadena perpetua? ¿O es que lo único que buscamos venganza? Porque ese es el gran problema de que sean las víctimas las que tengan el altavoz cuando toque debatir sobre cuestiones penales. Que la cuestión se reduce a la venganza.
