jueves, 27 de noviembre de 2008

Malversación

Historia uno.

Hace prácticamente un lustro a alguien (supongo que por competencias de la Consejeria de Justicia de la Junta de Andalucía) se le ocurrió la idea de cambiar de sitio los Juzgados de Menores de Cádiz. Era algo ciertamente normal puesto que la situación de los antiguos en la antigua Cárcel Vieja resultaba, cuando menos, mejorable.

Hasta ahí, todo normal. La Cárcel Vieja se iba a dejar de utilizar y se buscó una nueva ubicación a los Juzgados de Menores como encontrarían nuevas ubicaciones el resto de juzgados allí ubicados. La cuestión fue que a la cabeza pensante que imaginó los nuevos juzgados de menores no se le ocurrió otra cosa que ubicarlos en la calle San Francisco, una calle peatonal del centro de Cádiz. Las protestas llegaron muy pronto puesto que, en algunos casos, los menores tenían que ir acompañados por la policía que, o bien atravesaba con sus vehículos la estrecha calle peatonal (con los peligros que eso puede conllevar para la seguridad de quienes pasean por una calle en la que, se supone, que no hay vehículos) o aparcaban en la cercana Avenida Ramón de Carranza y tenían que llevar al menor andando por un tramo de unos cien metros con los posibles riesgos de huida.

Tras varios años de despropósito el sustituto de aquel a quien se le ocurrió la idea de instalar un juzgado en calles sin acceso al tráfico se ha dado cuenta del error y se planea la reubicación de aquellos Juzgados. Por medio, la habilitación de dos edificios, los costes de los traslados, la parálisis de las actuaciones durante los períodos de mudanzas,... Un auténtico despilfarro.

Historia dos.

Hace menos de un par de años, aproximadamente se inauguró en frente del Hospital Puerta del Mar la nueva Escuela Universitaria de Enfermería y Fisioterapia de la Universidad de Cádiz. El centro, ubicado en las antiguas cocheras de Comes tenía como objetivo que los alumnos de estas especialidades (y de determinadas clases de Medicina) tuvieran una ubicación próxima al Hospital principal de la ciudad de Cádiz.

Meses después de su inauguración salió a la luz un proyecto de demolición del Hospital Puerta del Mar que se reubicaría en la zona de los antiguos terrenos de CASA. La novísima Escuela Universitaria de Enfermería perdía su sentido puesto que su imán (el Hospital) se trasladaba. La Universidad, por tanto, planea también la construcción de un nuevo centro en las proximidades del nuevo hospital. Otra inversión, ordenadores nuevos, nuevos ventanales con vistas a la Bahía, nuevos suelos de tarima, nuevos gastos de traslado...

¿Nadie sabía que el Hospital tenía sus días contados en plena Avenida? ¿No hubiera sido más conveniente esperar al nuevo hospital y plantear un solo gran centro universitario de la Salud en la zona de Loreto-Puntales?

Conclusión

Es muy fácil gastar el dinero público. En algunos casos se hace sin pensar en las consecuencias. No es sólo una cuestión de voluntad de malgastar, sino también de falta de criterios, coordinación,...

Supongo que esto ocurrirá en todas las ciudades, pero en Cádiz los casos se van contando por decenas. No creo, siquiera, que este tiempo de crisis cambie el chip de aquellos que disparan con polvora del Rey. Que ni siquiera es del rey, ni de la Universidad ni de la Junta, que es nuestra.

martes, 11 de noviembre de 2008

Profeta

No me gusta demasiado colgar en mi ventana ropa que no es mía. Eso de utilizar mi ventana como "corta y pega" no me termina de convencer porque en mi ventana, al menos de momento, tengo mi pequeño espacio de libertad de expresión. Sin embargo, hay veces que veo algo que es tan bueno, tan curioso o tan peculiar que no me puedo resistir. En este caso, el autor no necesita de mi escasa difusión, pero mi ventana sí que necesita estas palabras. Las escribió Arturo Pérez Reverte hace diez años y hoy resultan increíblemente actuales y sobrecogedoras.


Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran jodia tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del ordenador, su futuro y el de sus hijos. Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro. Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, o al revés, van por las mañanas a  la Bolsa de Madrid o a  la de Wall Street , y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje como quien comenta el partido del domingo. Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser rejodiados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan, y nunca pierden ellos, cuando pierden.

No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tiene que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro. Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nobel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia. Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, y meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados. Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.

Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad. Y entonces todo el tinglado se va a tomar por saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, oh prodigio, mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no. Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recae directamente sobre las espaldas de todos nosotros. Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia, con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de  la Bernarda. Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros y a veces con su puesto de trabajo Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.

Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena. Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.

Artículo de Arturo Pérez-Reverte 
publicado en 'El Semanal' 
el 15 de Noviembre de 1998

jueves, 6 de noviembre de 2008

Todos son Obama

Es lo que tiene el embrujo de la victoria. Aunque haya varios miles de kilómetros, los políticos españoles se han apresurado a felicitarse a la histórica victoria del líder demócrata estadounidense. No importan sus ideas, ni lo que puedan representar, muchos trazan unos paralelismos prácticamente imposibles con el nuevo gurú del siglo XXI.

Hace meses que empezó el ínclito Julián Álvarez que se comparó al carismático político estadounidense. Su argumentario de parecidos fue tan pobre, que no merece la pena repetirlo, pero sí demostró ciertas dosis de previsión. Lo hizo antes de que ganara las elecciones americanas, lo que da mérito a la apuesta del ex dirigente andalucista.

Ahora, con la victoria, en el carro de Obama prácticamente no hay sitios. Esperanza Aguirre se alegra, aunque antes apostara por McCain. Moragas dice que Obama queda a su derecha (maldición, los americanos han elegido a un cruce entre Ynestrillas y Blas Piñar). Zapatero genuflexiona en su condición de amigo y aliado fiel, desconocida para con el anterior presidente de los Estados Unidos.

En Andalucía, de nuevo, los más peculiares. Arenas dice que él es Obama porque representa el cambio. Y Chaves dice que él es Obama porque es el progre, dicho por supuesto, con el particular vocabulario del eterno presidente andaluz.

Curioso, porque ni Arenas es cambio (¿cuántas elecciones ha perdido ya?) ni Chaves es progre. Pero los dos son Obama. Sólo falta que Román diga que él también es Obama. Aunque en ese caso el parecido es totalmente imposible de encontrar.