domingo, 17 de agosto de 2008

De barbacoas

Ayer se celebró la famosa barbacoa del Carranza, reconvertida en barbacoa de la Final del Carranza, para evitar equívocos como el del año pasado en el que algunos quisieron replantearla para celebrarla en víspera de festivo.

Después de la experiencia del año pasado en que la barbacoa mostró su cara más triste con una participación mínima, este año se han vuelto a recuperar las cifras de otras ocasiones y la barbacoa ha unido a decenas de miles de personas (jóvenes y no tan jóvenes) dispuestas a disfrutar de la playa de Cádiz y, por qué no decirlo, a emborracharse.

Yo fui barbacoero, de los que marcaba esta fecha con rojo en el calendario. Eran otros tiempos, los de mi juventud, en los que la fiesta aún no se había masificado ni extendido por toda Andalucía. Tiempos en los que un grupo de amigos se reunía en la playa a tomar un refresco (o algo más), cantar y charlar casi todas las noches. Porque no había toque de queda playero y la playa era zona de esparcimiento juvenil de día y de noche.

Obviamente el respeto por la playa debe presidir cualquier utilización de la misma. El mayor espacio abierto que tenemos en Cádiz debe ser respetado y, ante algunos excesos, es lógico que se pongan ciertas limitaciones. Por eso entiendo que se puedan establecer ciertas barreras a la utilización de la playa como botellódromo, en período normal.

Yo he dejado lo de las barbacoas y con la de ayer creo que he acudido sólo a una en los últimos cinco años. No es mi modelo de ocio beber como un cosaco entre una marabunta de gente que no se sabe muy bien si viene o si va. No obstante, respeto tremendamente a quien ahora tiene los quince años que yo tuve un día y espera a esta noche para poder cantar el popurrí de Caleta a la luz de la luna.

Ahora bien, lo que no entiendo es qué le ha ocurrido al equipo de gobierno municipal con esta barbacoa. Ellos que fueron los principales culpables de la masificación cuando quisieron convertir aquella reunión de gaditanos en un hecho digno del libro de los records, de repente se transformaron como San Pablo y se convirtieron en los principales detractores de una fiesta que sólo se desbocó por su responsabilidad.

Por el camino han hecho cosas tan ridículas com plantearla en un día entre semana o solicitar a Renfe que no traiga más trenes a Cádiz en esa fecha. Habría que preguntar a los cerebros pensantes (si los hay) del PP de Cádiz a qué se debe la transformación en sus criterios. O si es siemplemente una nueva demostración de que ellos, en lo que se refiere a gobernar una ciudad no tienen criterios y deciden según con qué pie se levante la Jefa.

jueves, 14 de agosto de 2008

Chiclana

Hay crisis en el Ayuntamiento de Chiclana. O eso al menos dicen los medios oficiales del socialismo en la provincia. El dolor de la derrota electoral del hermanísimo de Rafael Román ha llevado a los socialistas a desarrollar una auténtica campaña de desprestigio contra el antinatural cuatripartito.

Es lógico. Ver como sus aliados de Izquierda Unida traicionan el pacto provincial para imponer el cambio en uno de los motores económicos de la provincia supone un revés político demasiado fuerte. Por eso, desde que se consumó el golpe de mano de Butrón y los suyos la campaña de desprestigio hacia el cuatripartito ha sido feroz.

En estas una de las concejales de Izquierda Unida ha abandonado el grupo y se ha ido al Grupo Mixto. Consecuencias: la recuperación de la alcaldía por el PSOE está sólo a falta de un concejal. Y la campaña se ha recrudecido con acusación formal de transfuguismo al tal Butrón que, dicho sea de paso, ha resultado ser un personaje de cuidado.

Falta un concejal. Y ¿qué partido tiene un solo concejal en el Ayuntamiento de Chiclana? El PSA de Pedro Pacheco, que forma parte del cuatripartito. Pero, ¡oh sorpresa! ahora que su voto también puede ser útil para el cambio de la mayoría en el Ayuntamiento el PSA de Pedro Pacheco se deja querer. Muestra su disgusto con la deriva del equipo de gobierno y abre la puerta a valorar otras posibilidades. Cuando sabe que esté donde esté no se bajará del sillón oficial enseña sus vergüenzas con la desvergüenza de quien no tiene más ideología que poder seguir teniendo despacho oficial.

Y yo m pregunto. ¿Eso no es transfuguismo? Cuando un partido se presenta a unas elecciones sin definir unas posibles alianzas para, al final, concretar una unión contranatura, el hecho sólo puede tener explicación en peculiaridades concretas de la realidad municipal que, podría ser, que se dieran en Chiclana. Pero, ¿y cuándo alguien que ha participado en un equipo de gobierno da el paso atrás para formar parte de otro equipo de gobierno con planteamientos, en principio, totalmente opuestos?

Dicen que rectificar es de sabios. Pero traicionar a los electores (a los principios es imposible traicionarlos si no se tienen) no demuestra mucha sabiduría.

El ejemplo de Chiclana es sólo un ejemplo más del contubernio en el que se han convertido nuestros municipios donde no hay voluntad que no tenga un valor de salida y no hay gran multinacional dispuesta a abonarla en forma de despacho, terreno, recalificación, comisión o lo que corresponda, según los casos.