jueves, 25 de septiembre de 2008

Neoliberales



Creía yo que los neoliberales iban a tirarse uno a uno desde el balcón más alto del rascacielos más alto de la ciudad con el mercado más libre de la historia. Después del fracaso que supone que el presidente de los Estados Unidos tenga que hacer intervenir al Estado para salvar a unas (varias) empresas de las que hasta pocos días antes eran santo y seña de la maravillosa, según ellos, economía de libre mercado.

Estados Unidos, de repente, se convierte al comunismo más acérrimo para salvar una crisis que, como siempre, golpeará mucho más a aquellos que no contribuimos a crearla que a los responsables, instigadores y culpables. Sin embargo, los neoliberales no se han tirado por los balcones (simbólicamente, tampoco quiero que me acusen de incitación al suicidio). Es que ni siquiera han cerrado sus bocas para tratar de pasar desapercibidos en la maraña concupisciente que sufre la crisis.

El primero, el presidente de la CEOE que ha atacado hoy solicitando al Gobierno la flexibilización del despido. El corte de voz está al principio de la entrada y en él, este señor que representa a tantos y tantos empresarios, bajo el razonamiento de que se trata de una situación excepcional pide el despido flexible, en su máxima expresión el despido libre. Es decir, lo que la CEOE lleva años pidiendo, ahora lo hace bajo el paraguas de la crisis; despido libre para crear empleo.

El argumento principal es que las empresas se sienten atadas a la hora de contratar por los costes que le supone despedir al empleado al que contratan y así no pueden generar empleo. Es verdad que las empresas tienen que generar empleo pero las empresas necesitan de los clientes y los clientes, suelen ser ciudadanos que son, en último caso, trabajadores. Sin estabilidad no hay consumo y hay está uno de los fundamentos de esta crisis.

Con la proliferación de contratos temporales, los bajos salarios y la escasa duración de las relaciones laborales lo de que el despido en España es caro, es mentira. Es caro despedir a un trabajador que lleva 15 años en la empresa, pero ¿cuántos hay así? ¿No le importa al empresario que ese trabajador que ha entregado 15 años -probablemente los 15 mejores- de su vida a su entidad se vaya como vino, con una mano delante y otra detrás?

Evidentemente no. El despido libre sirve para destruir empleo, nunca para crearlo y su flexibilización sólo contribuye a que el trabajador sea más obediente, más sumiso, más sometido a la voluntad del empleador a quien prescindir de él no le representa más dolor que el que le llevaría cambiar de driver para jugar al golf.

El segundo, el Gobernador del Banco de España que ha considerado que lo de las cláusulas de revisión salarial es un atraso. Otro que tal anda. Si la inflación sube, el sueldo del trabajador no debe subir igual lo que supone que, al cabo de un par de años el trabajador trabaja igual para cobrar un 3% (o hasta un 10% si la inflación sigue a este ritmo) menos.

Estos neoliberales han lanzado piedras contra la cristaleria de Bohemia de la economía y ahora pretenden que los trabajadores peguemos los restos para poder ellos seguir bebiendo sus caros vinos en sus lujosas mansiones.

Esta crisis marcará el final del neoliberalismo y no sirven las viejas recetas doctrinarias que acaban haciendo recaer todo el peso sobre los mismos. Sólo un reparto más justo de la riqueza, las plusvalias y los excedentes puede ayudar a salir del atolladero, entre todos. Pero no con unos pocos subidos sobre la espalda de los más débiles.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Las bicicletas no son para Cádiz

Me considero un defensor de la bicicleta, pero de los que cultivan el ejemplo como forma de demostrar las ventajas de este medio de transporte. Desde que viví en Italia comprobé en primera persona las ventajas que tienen las dos ruedas y los pedales para desplazarse por una ciudad sin más consumo energético que el de mis piernas. Barato, ecológico y rápido, conducir una bicicleta tiene muchísimas ventajas frente a los medios de transporte habituales.


Esto es algo que, como decía, otros países europeos tienen bastante claro. En Italia, por ejemplo, no es extraño ver a señoras mayores de la edad de mi abuela montadas en una bicicleta y con el bolso guardado en el porta objetos delantero. En Alemania u Holanda ocurre algo similar con esos ejecutivos de traje y corbata. En Dinamarca existe tal red de carriles bici que es posible atravesar el país entero de norte a sur y de este a oeste sin abandonar estas vías especiales. En París se he creado un sistema municipal de alquiler gratuito de bicicletas que permite desplazarse por la Ciudad de la Luz reduciendo contaminación y atascos.

Pero no hay que irse tan lejos para ver el auge de la bicicleta como medio de transporte. Barcelona ha creado un sistema bastante parecido al de París profundizando en la red de carriles bici y Sevilla ha seguido el ejemplo de ambas grandes ciudades con un plan revolucionario que ha cambiado el modo de ver ese "extraño elemento" que era la bicicleta en las calles sevillanas.

Evidentemente, en tiempos de crisis económica y energética la bicicleta es una apuesta segura y eso lo saben los políticos que, de una forma u otra, tratan de asociar su imagen a este medio limpio y eficaz. Gloriosa es aquella imagen de Teófila Martínez en la bicicleta cartele electoral que se inventó en mayo de 2007. Ahora es la Diputación de Cádiz la que publicita un programa que calcula el ahorro que supone utilizar la bicicleta en lugar del vehículo para los desplazamientos. Sin embargo, en estos caso es todo fachada, simple imagen y la apuesta por la bicicleta se queda en la famosa foto.

El Ayuntamiento de Cádiz creó un carril bici en la acera que produce tantos problemas como inútil resulta. Los bordillos están mal rebajados, resulta imposible compartir el carril con los peatones que lo invaden continuamente, hay zonas en las que el carril desaparece sin más solución que la de tirarse a la carretera de sopetón para, al final, resultar ser un carril que va de ningún sitio a ninguna parte.

Tampoco es posible salir de Cádiz en bicicleta puesto que las dos carreteras de salida de la ciudad (el Puente Carranza y la carretera de San Fernando) están prohíbidas para el uso ciclista. A eso hay que sumar que el proyecto de segundo puente no contempla vía ciclista alguna. La regresión a la que los políticos gaditanos someten a la bicicleta ha alcanzado su máximo punto estos días cuando se ha suprimido el arcen de Tres Caminos dirección Chiclana imposibilitando la utilización para las bicicletas de una de las vías más transitadas por los ciclistas.

Pese a que el clima, la orografia, el tamaño y el paisaje parecen indicar todo lo contrario, nuestros políticos se empeñan en confirmar que las bicicletas no son para Cádiz. Yo me resisto conduciendo la mía por las calles de mi ciudad para desplazarme sin contaminar y sin gastar en gasolina. No estoy solo. Un amplio grupo de ciclistas se reúne los primeros jueves de cada mes en forma de protesta pacífica reclamando la potenciación de la bicicleta. Nunca he podido coincidir en una de esas manifestaciones con ellos, pero su lucha es la mía. Porque la "cultura de la bicicleta" haría de Cádiz una ciudad mucho más amable.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Cuando el periodismo deja de serlo (I)

El sábado presencié, por escasos segundos, una de las páginas más negras y sucias de la historia de la televisión en España escrita, de nuevo y no sé cuántas veces van ya, ante las cámaras de Telecinco.


En el descanso del encuentro que enfrentaba a la selección de fútbol del estado español frente a la de Bosnia-Herzegovina practiqué el arriesgado ejercicio del zapping con la mala fortuna de que me encontré en la pantalla la imagen de una tipa sin más mérito que haber sido defendida por un caballero que, a causa de aquellos hechos, se debate entre la vida y la muerte.

La sujeto, siguiendo la línea argumental esbozada en la entrevista que había concedido una semana antes para la revista Interviú, defendía al agresor y censuraba a la víctima que se hubiera metido donde no le llamaban con malos modales.

No voy a entrar siquiera en la burda justificación del insulto para defender a quien manda a la UVi, sino más allá, a un señor que lo único que pretendía es evitar un crimen. Enric González, en El País, decía el otro día que el lugar que este caballero ocupa en el hospital estaba reservado para esta tipa. Probablemente.

Sin embargo, yo no voy a caer en la tendencia que pretendía alentar aquel programa de convetir a esta sujeto en la "nueva mala de España". Ella habrá sufrido muchos golpes, algunas vejaciones y bastantes desprecios como para que su cabeza ya no esté lo bien amueblada que debiera y el síndrome de Estocolmo gobierne todas y cada una de sus neuronas. A mi, lo que me indigna es que el programa le pagara 70.000 euros a esta "individua" por comparecer ante las cámaras. O que periodistas de cierto prestigio se prestaran a enfrentarse a ella en un gallinero televisado.

La basura impregna nuestros medios de comunicación y, de todos, Tele Cinco sigue demostrando su capacidad para ruborizarnos cada vez más. Lo que yo hice fue recuperar el mando y volver a cambiar de canal transcurridos tan solo diez segundos. Probablemente lo que deberían haber hecho todos los que se indignan en periódicos y radios. De camino, lo que debería hacer la autoridad competente es sancionar al programa o a la cadena. 

Me río de protecciones, horarios infantiles y comités éticos. Prefiero cualquier película violenta a esta demostración de realidad en la que se pone en evidencia la bajeza moral de quien vende su testimonio, aunque le deba avergonzar y de quien lo compra con el único objetivo de obtener un rédito económico. Y de esos periodistas que el sábado recorrieron, algunos por primera vez, el camino que va de la facultad al vertedero, decirles que ellos son tan ruines, indeseables y repulsivos como la tipa a la que, presuntamente, entrevistaron. 

lunes, 8 de septiembre de 2008

Corbacho mete la pata

Anda la semana movida con el tema de la inmigración. Las noticias que llegan no son nada alentadoras y el mensaje que se destila desde aquellos a quienes mantenemos como asalariados para solucionar problemas contribuyen precisamente a ahondar en los problemas.


Entre estos últimos destaca como nadie el ministro Corbacho. El ministro con el mismo apellido que el showman (¿o era al revés?) se desmarcó el jueves avisando con que cerraría el grifo de las contrataciones en orígen de inmigrantes. La lógica del hombre que nunca debió dejar de ser alcalde de el Hospitalet de Llobregat era aplastante: "si no hay trabajo para los españoles, no vamos a traer a trabajadores de fuera", dijo en un comentario más propio de alguien que se ha tomado dos coñacs con sus amigos en la barra de cualquier bar de la periferia de una gran ciudad que de un ministro. 

Porque un ministro debe manejar datos para saber que la contratación en origen está recluida, normativamente, a aquellos empleos en los que no hay mano de obra suficiente en el mercado laboral español. También debería saber que la contratación en orígen no es plato de buen gusto para ninguna empresa si se tramita, como ocurre hasta ahora, dilatándose el procedimiento en torno a los nueve meses desde que se solicita al trabajador hasta que este está disponible para ser afiliado a la Seguridad Social. 

Igualmente, como miembro del Gobierno, debería saber que todo la lógica del entramado de inmigración de su partido se basa en la contratación en origen. Sus restrictivas políticas en materia de regularización, concesión de asilo y trato a los inmigrantes en situación irregular se basan en oponerlos a esa clase de inmigrantes "buenos" que se incorporan a España por esa vía dorada que es la contratación en orígen. Si el Ejecutivo decide cerrar a cal y canto la contratación en orígen, el Gobierno pierde su justificación comparativa y la coherencia (real o fingida) del sistema.

Tan es así, que este aprendiz de demagogo tuvo que desdecirse al día siguiente ante la insistencia de la vicepresidenta del Gobierno y la presión sindical, empresarial y social. Según él, lo que había querido decir era que sólo se podría contratar en origen para aquellos empleos en los que no hubiera mano de obra española disponible. ¡Nos ha jodido!, con perdón. Para eso no necesitamos a Corbacho ni a nadie, porque eso ya lo establece el artículo 50.a) del Reglamento de Extrnajería.

Es decir, que el ministro ha generado un perverso debate para acabar con la conclusión de que en España, de aquí en adelante, se van a respetar las normas. Como hasta ahora. Con la nefasta consecuencia de que ha vuelto a situar a la inmigración en el ojo del huracan de unas tasas de desempleo que se multiplican mes a mes y contra las que él, ministro responsable, sólo sabe objetar aquello de la crisis global y lo del ladrillo. 

Si es tan así, pues  nos ahorramos el sueldo de un ministro de Desempleo y Policia Migratoria. Y de camino nos ahorramos algunos disgustos.