sábado, 31 de mayo de 2008

Maria Luisa

Esta semana he vuelto a estar en el filo de la noticia, sin llegar a cortarme. La razón se llama Maria Luisa. Bueno, en realidad la razón tiene un nombre bastante más peculiar que comienza por Y. Ella nació en el Puerto de Santa María y en su DNI dice que es española.


Después de muchas penalidades, algunas solicitudes, varios recursos y el largo proceso judicial que se supone en un caso como éste, MariaLuisa ya tiene una sentencia favorable. No tendrá que preocuparse cuando vea a la Policía temiendo que la separen de su hija. No volverá a tener que trabajar sin contrato porque como no tiene papeles no puede exigir nada.

Maria Luisa tendrá en unos días su permiso de residencia. Así lo ha decidido el Juzgado de lo Contencioso Administrativo nº 2. Y yo me alegro. en primer lugar, porque soy su abogado. Y en segundo lugar porque como persona los conozco y creo que ella, su marido y el diablillo de su hija se lo merecen. Porque lo han pasado mal y ahora empiezan a ver una luz de esperanza en esta sociedad. Aunque ellos ya saben que en este país nadie regala nada. Quizá una amistad, pero poco más.

La noticia en prensa:

jueves, 29 de mayo de 2008

Delitos y delincuentes

En la Facultad de Derecho aprendí que el Derecho Penal era la ultima ratio de la intervención de un Estado democrático. Quiere decirse con este latinajo que el Derecho Penal sólo actuaba en aquellas circunstancias más graves que atentaran contra bienes jurídicos especialmente protegidos ya que la sanción penal, con la gravedad que la misma representa, sólo podía estar justificada en aquellos casos concretos y determinados donde el atentado a aquellos elementos que la sociedad democrática decide defender resulta especialmente reprobable.


Esta es la teoría, pero la práctica resulta que el Derecho Penal es un instrumento más que los gobernantes utilizan a su antojo para tratar de moldear conductas de sus ciudadanos, en particular, y de los seres humanos en general. Los ejemplos palmarios se suceden a lo largo del espacio y el tiempo. En muchos países continúa siendo delito mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio o el expresar posiciones políticas contrarias al gobierno impuesto. No hay que irse tan lejos. En España, el Código Penal de 1944 sancionaba como delito la huelga, el adulterio o eximía de sanción penal el uxoricidio por razón de honor.

Se podrá decir que estas circunstancias son propias de regímenes dictatoriales. Eso creía el buen profesor que me explicó aquella teoría de la ultima ratio en mis tiempos universitarios. Pero resulta que no. De un tiempo a esta parte se ha puesto de moda elevar al Código Penal todas aquellas conductas que los gobernantes consideran imposible solventar por otras vías.

En España se ha invocado el Derecho Penal para casos como la convocatoria de un referéndum ilegal (ley ad personam) o para el conducir con una tasa de alcohol en sangre por encima de la establecida. No importa cuántos metros, cuánto tiempo ni cuánto riesgo.

En esta esperpéntica espiral de invocación del Derecho Penal, la última aportación la realizan los primos italianos con su insupreable berlusconi a la cabeza. Dentro de unos meses será delito entrar en Italia sin permiso. Esa fuerza incontrolable que acuciada por el hambre sacude nuestras conservadoras sociedades pretende ser detenida (por quienes quieren detenerla) a golpe de Código Penal. De seis meses a cuatro años de condena le pueden caer a los inmigrantes irregulares que se encuentren en Italia.

En España todavía quedan quienes nos rasgamos las vestiduras. Unos porque no entendemos cuál es ese bien jurídico que se quiere proteger criminalizando la inmigración. Otros, porque su apellido de socialista les obliga a sacar su hipocresia a pasear mientras que en Europa votan a favor de que esos mismos inmigrantes irregulares puedan estar en lugares peores que cárceles hasta seis meses sin intervención judicial.

sábado, 24 de mayo de 2008

Don Victor Espárrago

Este viernes tuve el placer de ausentarme de mi ventana para compartir una cena con mis amigos de Cadistasfin@s. En la cena recibía un merecídisimo homenaje D. Víctor Espárrago Videla que fue nombrado Cadistafin@ de honor.

Fue un auténtico placer conocer a ese caballero que dirigió desde el banquillo los mejores días del equipo amarillo; mi equipo. D. Víctor, la señora René, Hugo Vaca y su esposa compartieron la cena con estos cadistas que formamos un peculiar Asociación Cadista de Jerez y comarca.

Durante los postrs tuve el placer y el orgullo de leer a Don Víctor una pequeña semblanza que le había escrito. No me puedo resistir a mostrar en mi ventana esas líneas que leí ante tantos amigos.


jueves, 22 de mayo de 2008

Protestas

Soy un fiel defensor de las protestas. Cuando una persona o un grupo de personas se sienten perjudicados, traicionados o defraudados por una determinada decisión política, empresarial o de otro tipo una de las principales medidas que pueden adoptar es salir a la calle y mostrar su rechazo.


Es cierto que al salir a la calle a mostrar tu posición conviertes tu problema en público y te arriesgas a recibir críticas tanto en lo relativo a tu posicionamiento como en aspectos más personales que no vienen a cuento. Conozco de primera persona esa sensación de haberte convertido en asunto de debate y que en medios de comunicación algún periodista humille tu protesta y que otros, menos periodistas pero mucho más borrachos, te descalifique personalmente sin haber cruzado en su vida una palabra contigo.

A veces esas críticas a los "protestones" se pueden volver en tu contra. Algo así le hapasado a Pablo Grosso, hostelero gaditano que ha tenido la "fortuna" de resultar adjudicatario de un beneficioso concurso para hacerse con un restaurante en pleno espacio público del frontal marítimo de Santa María del Mar. El pasado martes 14 casi un centenar de personas salieron a la calle a protestar contra la decisión del Ayuntamiento de otorgar un restaurante en ese enclave y Pablo Grosso, viendo peligrar tan suculento negocio, descalificó la protesta señalando que allí solo había "viejos y hippies" como si unos u otros no tuvieran el derecho a protestar.

La protesta no era contra él sino contra el Ayuntamiento, pero el íntimo amigo del cerebro en la sombra se vio en la obligación de salir en defensa de sus mecenas. Y la cagó (con perdón de la expresión). Porque su frase ha caldeado los ánimos de mucha gente que no está dispuesta a que le arrebaten un trozo de suelo público para beneficio de un empresario. El martes 20 se repitió la convocatoria y del centenar pasaron a 300. Supongo que allí habrá padres de familia, mujeres divorciadas, jóvenes en paro y con trabajo,... además de viejos y hippies. Algunos probablemente de los que antes iban a los restaurantes del señor Grosso.

Desde mi ventana apoyo la protesta y, aunque físicamente no podré estar los martes a las ocho en Santa María del Mar por motivos laborales, me permito convocar a todos los itneresados, indignados, cabreados, afectados,... Porque a veces las protestas sirven para cambiar las cosas.

lunes, 19 de mayo de 2008

El test del PP

Curiosa la situación del Partido Popular acorralado entre dos sensibilidades que llevan años guardándose una fidelidad inquebrantable pero que, tras la segunda derrota electoral, afloran como un auténtico movimiento sísmico.

Curioso también el hecho de que la persona dispuesta a encabezar el bando de los reformistas es el que lleva cinco años contrlando el partido. Rajoy ha logrado transmitir la sensación de que no es dueño de ninguna de las dos derrotas electorales. En el fondo, es quien más ha amortizado el infausto 11-M, porque aquel atentado le ha servido para justificar sus fiascos ante las urnas. El primero, hace ya cuatro años, consiguió adosárselo a su mentor y al macabro golpe islamista. Ahora, con la nueva derrota aún caliente es capaz de liarse la manta a la cabeza y acusar veladamente a los Zaplana, Acebes y demás radicales de haberle llevado a la derrota por su capacidad de generar animadversión, como se demostró en el proceso que siguió al atentado. Otro gol del que se libra Mariano.

El Partido Popular afronta un test de envergadura. Se enfrenta a la tesitura de convertirse en el Partido Popular que quiere la gente de izquierda o en el que postula la ultraderecha. Reformistas contra ultramontanos con la particularidad de que los reformistas controlan el poder que siempre es una garantía en cualquier Congreso.

Hablábmos de Mariano, pero el resto de personajes no se queda a la zaga. Alberto Ruiz Gallardón como principal valedor del mismo político que le traicionó por no enervar a Esperanza Aguirre que se convierte en enemiga de quien era su tonto útil al ver que su querido Partido Popular trata de virar hacia posiciones moderadas abandonando el tono mezquino y crispador que tanto utilizaron los últimos cuatro años. Aznar acusando en público a su protegido de traicionar sus ideas coincidiendo con Mayor Oreja y Rato, los dos mismos a quienes dio la espalda por Mariano. Camps tratando de ganar tiempo para dar el salto definitivo de la A3 y pasar de Valencia a Madrid.

Y para colmo, Fraga como eje central de los reformistas. ¿Dónde estaba el Partido Popular si Don Manuel es el bastión de los reformistas moderados?

jueves, 15 de mayo de 2008

¿Quién vigila a los vigilantes?



La pintada no es mía. Ni siquiera es de una pared de Coslada. Me la encontré un día en la Plaza de Mina y le hice una foto porque la frase representa una de esas ideas que me preocupan desde hace demasíado tiempo. Por desgracia, la sentencia vuelve a la máxima relevancia tras lo sucedido en ese pueblo de la periferia madrileña.

El entramado de extorsión, chantaje y represión policial que, según parece, tenía montado el jefe de la Policía Local con la participación de sus subordinados y la connivencia de muchos de los políticos representa uno de los más tristes episodios en la actividad policial desde que el Estado español es un Estado democrático, social y de Derecho.

Algunos me dirán, supongo que entre ellos el amigo alfon, que se trata de una cuestión coyuntural, particular de un lugar concreto en una época determinada. Sin embargo, para mí es una de las cosas más graves que pueden suceder en nuestra sociedad. Si un ladrón me roba el coche, me tendré que aguantar porque es la propia condición de quien es amigo de lo ajeno y está fuera de la ley. Si un agente de la ley utiliza ésta para intimidarme, sacarme los cuartos y humillarme el nivel de mi degradación como ciudadano es mucho mayor.

El ejemplo está en esas sociedades latinoamericanas en las que la mordida es un auténtico "modus vivendi" y lo peor que le puede pasar a una persona de bien es ver venir a un policía. Evidentemente, entre aquello y ésto hay un mundo pero no son tan extraños los sucesos en los que un agente golpea a un ciudadano o abusa de su autoridad. Pregunten en Chiclana, sin ir más lejos.

El problema es que el Estado otorga el monopolio del ejercicio de la violencia legítima a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, incluida la Policía Local. Por eso, que cualquiera de estos la utilice para fines expureos es alarmante. Y cuando el abuso se convierte en entramado de extorsión merece que rueden muchas cabezas. No sólo de los agentes.

lunes, 12 de mayo de 2008

Celestino Corbacho

No puedo dejar pasar otra semana sin hacer algunos comentarios acerca del nuevo ministro de Trabajo e Inmigración, el ínclito Celestino Corbacho. El ex alcalde de Hospitalet ha llegado al cargo pleno de fuerza y con los planteamientos de la política municipal. Sus primeras decisiones han sido de política de imagen y se ha paseado por los platós de televisión y radio para poner en relieve sus impresionantes aptitudes para el nuevo puesto y su "mano dura" para con la inmigración.

Corbacho, casi tan divertido como su homónimo de trajes de colores chillones, justifica su nombramiento como ministro de Inmigración (de trabajo parece preferir no hablar) porque él también fue emigrante que nació en Extremadura y se hizo hombre en la periferia urbana de Barcelona. Sin embargo, olvida que ser emigrante en España es mucho más que el desarraigo social que supone abandonar la tierra de tus padres.

Un inmigrante en España está obligado a acudir cada año a renovar su autorización de residencia que puede ser rechazado por la Administración por razones tan peregrinas como que un individuo, un día te haya denunciado, aunque el Juez haya declarado tu inocencia. En esos casos el Informe Policial es negativo y te toca a ti demostrar que la denuncia fue falsa y que el Informe Policial es una locura porque, incluso en tu condición de inmigrante, tienes el derecho a la presunción de inocencia. Y en eso te puedes llevar entre uno y dos años, con el permiso de trabajo sin vigencia y, por tanto, sin poder trabajar.

También te pueden rechazar la renovación si tu jefe te despide y no eres capaz de volver a encontrar empleo. Aunque lleves aquí tres años tengas a tu mujer, a tus hijos, a tu madre,... te hayas integrado a la perfección, el inmigrante no puede desprenderse de su condición para alcanzar la de persona. Por eso, me indigna bastante que el tal Corbacho vaya pregonando por doquier que quiere que los inmigrantes sin trabajo retornen a su país. Es algo redundante y peligroso. Redundante porque ya están obligados a ello y peligroso porque consigue focalizar el problema del paro en el grupo de los más débiles.

Quizá Don Celestino debería empezar a pensar más en su cargo de Ministro de Trabajo que en el de Inmigración y lanzar propuestas plausibles para reducir el desempleo. Conformarse con que se acabaron las vacas gordas y poner la lupa sobre los inmigrantes es demasíado mezquino. Aunque para verdaderamente mezquino el amigo Rubalcaba, pero ese se merece otro vistazo desde mi ventana.

lunes, 5 de mayo de 2008

Monstruos en prisión

Supongo que debe ser muy duro perder a tu hija (hermana, nieta, sobrina) cuando sólo tiene cinco añitos. Más duro debe ser si esa niña muere en las sátiras manos de un hombre degenerado que ve en su pequeño cuerpecito un objeto erótico de atractivo irresistible. La dureza debe ser, por tanto, extrema cuando se sabe que ese sujeto anda en la calle por culpa de una serie concatenada de errores judiciales.

No creo que haya mucho consuelo tampoco para esos hijos/nietos que han sufrido una vida encerrados en el semisótano de la casa de un sanguinario hijo de puta que ocultaba el producto de un alma tan sucia que no hay prisión que la pueda limpiar.

Entiendo que para quien ha sufrido algo así no haya condena suficiente con la que ese monstruo pueda pagar en prisión quince, veinte o treinta años si algún día puede salir de prisión y volver a cometer un delito similar al que cometió. Entiendo que esas personas pidan la cadena perpetua para los verdugos de sus sueños y su ilusión. Son víctimas y su dolor puede negar su razón.

Sin embargo, no comparto quienes desde la frialdad ajena del observador imparcial también exigen condenas infinitas para esas personas esgrimiendo la irreparabilidad de sus degeneraciones de conducta. No creo que sea un criterio a esgrimir para regular la duración de las condenas la reversibilidad de los comportamientos que las han propiciado. Aplicando el mismo criterio en sentido contrario, para un alcalde corrupto bastaría que se le inhabilitase en su condición de alcalde o al maltratador que se le prohibiera volver a casarse o al ladrón de bancos que se le impida acercarse a ninguno de ellos.

La construcción de nuestro Estado democrático, social y de Derecho ha superado criterios punitivos anticuados que descendieron de la pena de muerte a la cadena perpetua y ahora se maximiza con una pena de treinta años, que ya es una vida. Porque, puestos a exigir endurecimiento, ¿por qué sí la cadena perpetua y no la pena de muerta?

Yo no firmaré nunca una petición como la de los familiares de Mari Luz por la reinstauración de la cadena perpetua, sea cual sea el caso que la origine. entiendo su dolor, pero desde el dolor no se puede legislar. Porque el dolor nubla los sentidos. Y que no me digan que esos criminales entran por una puerta y salen por otra. Que miren al pobre de Ricardi, que se ha chupado trece años por una violación que, según todos los indicios, no cometió. Y los que le quedan. Aunque ese error se puede reparar, porque, por suerte, nuestra Cosntitución prohibe la pena de muerte.